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SECCIÓN ESPECIAL ZONAS ARQUEOLÓGICAS
ZONAS ARQUEOLÓGICAS

Resulta difícil imaginar que en el espacio ocupado por la Ciudad de México, ahora cubierto por una interminable capa de asfalto, hace sólo unos cientos de años se encontraba un extenso lago. Hace alrededor de 4,000 años surgirían las primeras aldeas en la zona y desde entonces fue habitada ininterrumpidamente por grupos que rápidamente alcanzaron elevados niveles de complejidad, se construyeron ciudades que se contaron entre las más grandes y renombradas de su época. Los pobladores de la Cuenca de México no sólo fueron capaces de explotar con eficiencia el lago y las montañas que lo rodeaban, sino que también aprovecharon manantiales y ríos, y desarrollaron ingeniosos sistemas de cultivo, siendo capaces de realizar grandes obras de ingeniería que les permitían controlar las aguas del lago y abastecer de agua dulce a sus ciudades.

Lamentablemente, del enorme legado producto de esa larga historia es poco lo que queda a la vista, pero desde el siglo XVIII la región comenzó a recibir la atención de los investigadores, quienes han rescatado un importante cúmulo de datos que permiten ahora entender su evolución histórica y cultural.

Las más antiguas manifestaciones de vida humana halladas se remiten a fragmentos líticos (herramientas) correspondientes a la etapa conocida como Pleistoceno Superior (20000-7000 a.C.). Entre 7000 y 2000 a.C. aparecieron las primeras comunidades aldeanas y para el año 1000 a.C. se habían desarrollado la agricultura y la alfarería, lo que propició el surgimiento de las primeras grandes aldeas. Con ello se incrementó la ocupación de tierras fértiles y se dio un marcado crecimiento demográfico. La alta productividad y la eficiencia de los sistemas agrícolas hicieron posible el incremento de la ocupación humana y el surgimiento de importantes núcleos urbanos en el Clásico (año 1 a 700). Teotihuacan adquiere el control durante este periodo. En el Epiclásico (año 650 a 900) se observa una importante reubicación poblacional, algunas evidencias se encuentran en Azcapotzalco y Huipulco.

Desde la fundación de Tenochtitlan hasta la fecha, la presencia humana ha sido permanente y creciente. En el Posclásico (900-1521 d.C.) se ocuparon intensa y extensivamente las orillas de los lagos, las islas y las partes medias de las sierras. Sucedió lo mismo, aunque en una escala cada vez mayor, con la ciudad en la época virreinal, durante los siglos XIX y XX, y bajo ella quedaron las huellas de la ocupación prehispánica y del entorno natural en el que se desarrollaron.

En esta sección del CIP se presentan los diez sitios que evidencian la vida de aquellos pueblos prehispánicos y que están abiertos al público.

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